Estamos ante una encrucijada que debemos resolver, no admite más dilacción, ahora es el momento. Pero, ¿qué camino tomamos? Visualizo esta situación tras reflexionar y analizar todo lo que venimos viviendo en España en los últimos años, meses e incluso semanas.
En el cruce de caminos, se nos ofrecen dos opciones para que elijamos cúal tomar, y cuando ya superó las seis décadas vividas, cuando llevo trabajando, produciendo y tributando cinco décadas, con hij@s entre tres y cuatro décadas y niet@s que en algún caso superan una década –ell@s son mi primera preocupación–, me planteo: ¿qué sociedad les vamos a dejar?
Sinceramente, otros asuntos pasan a segundo plano. Lo que me duele y abstrae es España, nuestro país, nuestra sociedad, nuestra sanidad, la economía, vivienda, alimentación, educación, cultura, etc; qué se encontrarán las próximas generaciones.
Soy un comerciante que creció en una humilde familia de seis hermanos. Yo soy el segundo y nuestras raíces son el sector primario –agricultura, ganadería, comercio autónomo de alimentación–, en el que ayudaba desde muy joven y si quise estudiar fue a distancia, en la UNED y en horario nocturno. Aprendí lo que vale ganarse el pan con esfuerzo y valores, que hoy trato de transmitir a mis descendientes, convencido que se vive mejor con una conciencia limpia y tranquila.
No me gusta lo que veo en mi país; sólo se nos propone crispación, enfrentamiento, descalificaciones, insultos y endeudamiento para los próximos años. No quiero hablar, en este caso de colores, ni de bandos, ni de un muro a un lado y al otro, quiero apostar por soluciones para todos, sin exclusiones.
Se nos predice que la próxima generación vivirá peor que sus padres y se quedan tan tranquilos. Yo me rebelo y exijo eficiencia, gestión, esfuerzo, trabajo, que los gobernantes dejen la moqueta, bajen al barro, vivan la vida de la calle, de las familias a las que les cuesta llegar a final de mes.
Entre tanto, vemos innumerables casos de corrupción en el partido que gobierna y en la Moncloa, sede de la presidencia del Gobierno; casos de mordidas en los más altos cargos; desvíos de dinero; malversación zafia y burda de caudales públicos para burdeles, colocación y pago de prostitutas, adquisición de casas y propiedades en países como República Dominicana o Venezuela.
Toda una larguísima relación de delitos fraudulentos con escándalos en el entorno familiar con saunas y menores marroquíes, con prácticas mafiosas en cátedras universitarias, con el hermanísimo de Sánchez cobrando delictivamente de los Impuestos de todos los españoles, etc, etc.
Lo demás, es de dominio público, vender a España y sus legítimos derechos a cambio de unos votos de quien odia y quiere destruir nuestro país.
Qué vergüenza, qué bochorno. Nos queda pedir coherencia, decencia, concordia y que los delitos se juzguen y paguen los delincuentes. La ley ha de caer con todo su peso sobre toda esta cohorte de malos españoles.
Si no aprendemos la lección, el país pagará un precio insoportable.