A pie de Calle

"Sin mujeres, no hay pueblo con futuro"

"Este 8M las mujeres rurales reclamamos igualdad de oportunidades, infraestructuras, servicios y atención", afirma en este artículo, Lola Merino, presidenta de AMFAR. (Foto: AMFAR).

Lola Merino, presidenta de la Federación de Mujeres y Familias del Ámbito Rural (AMFAR)

Redaccion | Viernes 06 de marzo de 2026
Este 8 de marzo, las mujeres rurales en España reivindican igualdad y reconocimiento, según explica Lola Merino, presidenta de la Federación de Mujeres y Familias del Ámbito Rural, en este artículo de opinión, donde asegura que "su empoderamiento es crucial para el futuro del campo y la sostenibilidad demográfica".

Este 8 de marzo, a la par que en las grandes ciudades se reivindica la igualdad, hay un latido silencioso, pero igual de poderoso, que resuena en nuestros campos y pueblos. Es el de las mujeres rurales que, históricamente, han sido el nexo de unión de nuestras comunidades y que hoy se alzan como pieza clave para la supervivencia.

Conmemorar el Día Internacional de las Mujeres desde el mundo rural no es sólo hablar de igualdad salarial o techos de cristal; es hablar de talento, de arraigo, de soberanía alimentaria y de resistencia ante el olvido. En España, casi cuatro millones de mujeres rurales sostienen nuestros municipios, enfrentándose a una brecha que no sólo es de género, sino también de servicios y oportunidades.

Su incipiente liderazgo en el sector agrario español –donde ya dirigen una de cada tres explotaciones agrarias y representan el 27% de la mano de obra agrícola– es vital para el relevo generacional que tanto se anhela en el campo. Sin embargo, todavía debemos enfrentarnos al reto de la incorporación agraria, de la titularidad compartida, de un acceso real a la toma de decisiones y a las mismas oportunidades.

Este 8M las mujeres rurales reclamamos igualdad de oportunidades, infraestructuras, servicios y atención. Reivindicamos que el hecho de vivir en un pueblo no signifique la pérdida de derechos, ni renunciar a una educación de calidad para nuestros hijos, ni a una sanidad cercana, ni a una conexión a internet para competir en igualdad, ni alcanzar –como reivindican agricultoras y ganaderas– una mínima conciliación familiar.

La verdadera igualdad no es decir a las mujeres cómo deben vivir, sino garantizar que cada una pueda elegir su propio camino: libertad para emprender, para elegir su proyecto de vida, para formar una familia. Empoderar a las mujeres rurales es la inversión más rentable para un país que no puede permitirse que el 80% de su territorio se convierta en un desierto demográfico.

En España, las cifras oficiales revelan que es inmenso el trabajo de campo que queda por delante, ya que a pesar de que las mujeres gestionan un tercio de las explotaciones agrarias, el reparto de las ayudas de la PAC son algo antagónicas.

En números redondos, el número total de mujeres que reciben ayudas directas de la PAC representan casi el 38%, frente a los hombres que suponen más del 62%. Una diferencia que crece cuando analizamos las cuantías económicas que se perciben, ya que las mujeres reciben el 27% de los fondos PAC, mientras que en el caso de los hombres asciende hasta el 73% de los mismos, quedando patente una brecha de casi 3.000€ que las mujeres, cobran de media, menos que los hombres.

Otro dato preocupante es la baja cifra de mujeres jóvenes que optan a estas ayudas y que representan un escaso 6% del total de mujeres, de las que sólo el 0,43% son menores de 25 años.

En resumen, el escenario que presentan las estadísticas en el campo es que estamos ante un gigante de barro, que nos obliga a preguntarnos quién se ocupará del campo dentro de 10 años. Una cuestión urgente a abordar, ya que el campo español necesitaría de 20.000 nuevas incorporaciones cada año durante una década para garantizar el relevo generacional, puesto que más de la mitad de los actuales profesionales estarán jubilados en 2035.

A pesar de estas cifras tan dispares en el campo, hoy celebramos que el emprendimiento femenino en el ámbito rural supera al urbano (17,4 % frente al 10,1 %) lo que se traduce en que las mujeres son el verdadero motor del cambio económico y social. Ya sólo por este dato en actividad emprendedora, las mujeres rurales deberían disponer de mayor y mejor acceso a la formación, financiación o políticas de conciliación.

¡Pongámonos a ello!

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