La escritora y periodista madrileña Julia Navarro ha recibido el Premio Clara Campoamor del Ayuntamiento de Madrid por su contribución a la literatura y la igualdad, y por su incondicional amor por la capital.
Pocos nombres han ayudado a entender la historia del siglo XX de España como la escritora y periodista Julia Navarro. A través de novelas de ficción sí, pero tan reales que cuesta creer que no existiera una Amelia Garayoa, la protagonista de 'Dime quien soy', en el Madrid de los años 30, o un niño llamado Pablo enviado a la URSS durante la guerra, como en 'El niño que perdió la guerra'.
Las historias que le contaban su abuela, su madre, sus tías y todo lo que ha investigado, leído y estudiado le han permitido construir un relato auténtico, con inolvidables personajes, que forma parte de las estanterías de prácticamente todas las casas.
Por su trayectoria, por su aportación a la literatura española, por su incondicional amor a la ciudad de Madrid y por su compromiso con la igualdad ha recibido el Premio Clara Campoamor que otorga el Ayuntamiento de Madrid con motivo del Día Internacional de la Mujer, cada 8 de marzo. Hablamos con ella, sobre libros, personajes, mujeres y sobre los rincones de Madrid que forman parte de la vida de la escritora.
– ¿Qué ha significado para usted recibir el Premio Clara Campoamor del Ayuntamiento de Madrid?
– Tiene un significado muy especial, porque Clara Campoamor es un referente para mí. He aprendido mucho leyendo sobre ella y las cosas que escribió. Campoamor, sobre todo, era demócrata y cuando plantea el derecho de las mujeres a votar, lo plantea desde un punto de vista democrático. Es decir, consideraba que no era tolerable que la mitad de la población no tuviera los mismos derechos que la otra mitad.
Y luego está la enorme ilusión que me ha hecho que el ayuntamiento de mi ciudad me dé este premio. Soy madrileña, ejerzo de madrileña y no concebiría mi vida viviendo en otro lugar que no fuera Madrid. He dado vueltas por el mundo, he estado en lugares realmente fascinantes, pero siempre vuelvo a Madrid.
– ¿Podría inspirar Clara Campoamor un personaje escrito por Julia Navarro?
– Bueno, seguramente. Todos somos el compendio de las lecturas, de las vivencias que hemos tenido a lo largo de la vida. Así que, todas esas vivencias y todo ese compendio de lecturas se reflejan en mis libros y en mis personajes y en cómo algunos enfrentan la vida.
– ¿Hay algún lugar de la ciudad en el que busque la inspiración para escribir?
– Mi lugar favorito de Madrid es la plaza de la Encarnación. Cuando era pequeña, vivía en casa de mis abuelos en la plaza de la Marina Española y las ventanas de detrás de la casa hacían frontera con los muros del convento de la Encarnación. Aquel era un Madrid donde se tocaban las campanas y mi vida siempre transcurría a su ritmo. La hora de levantarme, la hora de ir al colegio, la hora de volver, la hora de merendar.
Recuerdo que la última conversación que tuve con Javier Marías fue cuando nos encontramos allí y estuvimos un rato largo de charla y, de repente, él me sorprendió porque me dijo ¿tú jugabas en esta plaza de pequeña, verdad? La verdad es que no me atrevía a preguntarle cómo lo sabía. Luego, me di cuenta que yo lo había contado en entrevistas y que, lógicamente, él lo habría visto, pero para mí la plaza de la Encarnación es la plaza, el lugar donde crecí.

– Madrid es una parte importante de sus obras, igual que ocurre con la obra de Javier Marías…
– Madrid es una parte importante de mi vida. En una novela, 'Tú no matarás', el barrio de mi infancia es casi protagonista. También está en 'Dime quién soy'… Ese barrio de mi infancia, que está metido en el Madrid de los Austrias, está en mis libros.
– ¿Qué hace que Madrid sea el escenario de tantas historias?
– Madrid es una ciudad en la que todo el mundo es de Madrid. No importa que acabes de llegar, ya eres de Madrid. Es una ciudad que acoge y te hace sentir que eres parte de la ciudad. Tú puedes llegar a cualquier ciudad del mundo y hasta que logras tener amigos o logras conectar con la gente, tardas. Pero, en Madrid, no. En Madrid llegas un día por la mañana y por la tarde ya tienes 27 amigos. Entras en un café y sales con una invitación a cenar. Los madrileños somos así y Madrid tiene el don de transformar a los que vienen a vivir aquí, porque terminan contagiados de ese espíritu de la ciudad, que es el espíritu del acogimiento.
Y luego, es una ciudad en la que todo el mundo cabe. Madrid es una ciudad que no pregunta. A nadie le preguntan de dónde viene, ni cuánto tiempo se va a quedar.
– Madrid es un cruce de caminos…
– Sí, a mí también me gusta mucho esa idea, porque es verdad, Madrid es un cruce de caminos. Pero, si hay algo de lo que estoy segura es de que el que viene a Madrid siempre regresa.
– Con sus novelas ha hecho que sean las mujeres las que también cuenten la historia. ¿Ayuda la ficción y la literatura a recuperar esas voces?
– La historia la han contado los hombres y las mujeres hemos sido siempre una nota a pie de página. Hasta el siglo XX, la historia la han contado ellos. Pero, nosotras estábamos allí y sin nosotras, no hay historia. Todas mis novelas transcurren en el siglo XX y, afortunadamente, tengo buena memoria. En esa memoria, está mi abuela, está mi madre, están mis tías, están lo que las he escuchado contar, lo que las he escuchado decir. Han sido una fuente de inspiración a la hora de construir mis personajes y construir, por ejemplo, en 'Tú no matarás', cómo era el Madrid de la posguerra.
Una historia compartida es una historia en la que yo he querido poner en valor eso, que las mujeres también hemos estado siempre ahí, que a las mujeres los hombres no nos han contado, no han contado que estábamos ahí, pero estábamos. Yo lo que he querido es no hacer lo que han hecho los hombres. Creo que no nos podemos explicar los unos sin los otros. Es una historia de mujeres, pero en la que también están los hombres que formaron parte de sus vidas, sus padres, sus hermanos, sus amigos, sus maridos, sus amantes, sus vecinos, sus jefes. En eso he insistido mucho, no se puede contar la historia si no es una historia común.
– ¿Cómo describiría los personajes femeninos de sus novelas?
– En mis novelas tienen el mismo peso los hombres que las mujeres, por esa obsesión que tengo en que la historia es una historia compartida. Pero, es verdad que aparecen mujeres fuertes, mujeres que tienen que luchar contra las circunstancias, que no se rinden y salen adelante con enorme sacrificio y con enorme sufrimiento. Quizás tienen que ver con las mujeres con las que yo me he ido encontrando en la vida.
– ¿Cómo ha influido la parte periodística en la manera de contar las historias?
– Sin la Julia periodista no existiría la Julia escritora. El periodismo me ha permitido vivir muchas vidas, conocer a gente que no habría conocido nunca, ver la parte de atrás de los escenarios, cómo se tomaban decisiones, ver lo que normalmente el gran público no ve, las bambalinas. El periodismo a mí me lo ha dado todo, absolutamente todo.
A veces me preguntan los lectores si me cuesta mucho documentarme y, la verdad, es que no, porque tengo ese hábito de buscar documentación. Normalmente, la documentación la busco en los libros; no soy mucho de navegar por Internet.
– A través de sus novelas entendemos mejor aontecimientos del pasado…
– Si no contextualizas, nada tiene sentido. Un personaje de hace 30 años no es un personaje de ahora. No se puede mirar el pasado desde una perspectiva del presente, porque entonces estás condenado a no entender nada. Fíjate, ni siquiera te voy a decir a principios del siglo XX, incluso desde finales del siglo XX, de los años 80 a aquí, todo lo que ha cambiado.
No somos los mismos y las nuevas generaciones no son las mismas. Yo siempre les digo a los jóvenes que no intenten entender el pasado con los ojos de hoy porque entonces no van a entender nada. Es necesario ponerse en la piel de ese momento.
A través de una novela, puedes coger al lector de la mano y hacer un viaje en el tiempo. Es como si se metiera en una máquina del tiempo y apareciera en 1981 en pleno golpe de estado o apareciera en el 75 con la muerte de Franco. Es decir, a través de la literatura, el lector viaja hacia atrás y puede conocer lo que sucedía y cómo vivía la gente y cómo sentía.
– ¿Un consejo para quienes se adentran en el mundo de la escritura?
– Me preguntan mucho qué hay que hacer para ser novelista y siempre respondo que hay que haber leído, leer mucho y no dejar de leer. Leer de todo. También es importante tener una historia que contar y saber contarla. Pero, la base es la lectura. Se aprende a escribir leyendo.