Ni son hermanas, ni se apellidan Greemwood. Beatriz Blanco y Natalia Martín reivindican un lugar destacado en el trono del 'romantasy' nacional con su nueva novela, 'El mar de los Ocultos', que mezcla magia, pasión y mitología.
'El mar de los ocultos' (Planeta), la novela de ficción y romance ('romantasy') de las Hermanas Greemwood, acaba de publicarse para contar la historia de Iduna y Enok, protagonistas que pasan del odio al amor en el característico universo mitológico de las autoras, pero más maduro.
"Somos unas 'frikis' de la mitología en general y teníamos muy claro que queríamos que la siguiente novela que hiciésemos fuese de inspiración en la mitología nórdica. Partimos de este sentimiento y de un viaje que hicimos a Budapest, en el que vimos 'El bastión de los pescadores' (un monumento icónico de la ciudad) que nos enamoró. Nos dijimos: ¿cómo sería una novela desarrollada en un ambiente como este?", explica la pareja de autoras.
Inspiradas por esta idea, las Hermanas Greemwood, seudónimo de Beatriz Blanco y Natalia Martín, vuelven a apostar por el 'romantasy' –subgénero literario, que combina elementos de la fantasía y el romance–, tras su debut en la editorial Planeta con 'La Tierra de los Dorados' (2024).
En tiempos de auge de las tramas de fantasía romántica, el dúo destaca la dificultad de encontrar un balance entre ambos géneros, mientras compiten con grandes autores internacionales.
"Es difícil mentalizarte", expresa Natalia, "nuestras novelas o las de cualquier otro autor nacional pueden ser buenas o incluso mejores que las extranjeras, pero no se les da esa visibilidad".
Con la intención de destacar, las autoras combinan el humor con el erotismo y la guerra, siempre teniendo en cuenta que su ficción resulte verosímil y cercana para sus lectoras (en este caso, recomendado para mayores de 14 años).
"Cuando nos pusimos a escribir este libro, estábamos un poco cansadas de protagonistas demasiado jóvenes, porque vamos creciendo y al final, cuando leemos 'Percy Jackson', 'Harry Potter' o 'Los Juegos del Hambre' ya no te sientes tan identificada", apunta Beatriz.
Su literatura está plagada de heroínas de entre 20 y 30 años, siendo Iduna la escogida para protagonizar 'El mar de los ocultos', una pescadora que se topa con Enok, un cambiapieles construido a semejanza del dios nórdico Loki.
El 'tropo' narrativo –recurso recurrente de una historia– de 'los que se pelean se desean', internacionalmente conocido como 'enemies to lovers', cobra forma en esta novela, "más madura" que juvenil, y que las autoras describen como "un 'romantasy' feroz y poético, ambientado en un archipiélago donde el poder se hereda con sangre, las bestias haladas duermen bajo tierra y el deseo puede ser tan peligroso como la guerra".
A partir de ahí, han construido un mundo marcado por una estética muy cuidada y con un desarrollo argumental muy extenso para ser únicamente un volumen.
Para ellas, la decisión de apostar por libros autoconclusivos es casi una declaración de intenciones. "No queríamos caer en esa tendencia de sagas interminables que saturan el mercado", explican. "Después de trabajar durante años en una trilogía, te das cuenta de que muchas ideas se quedan en el tintero. Queríamos dar espacio a nuevas historias”. Así han nacido dos novelas –hasta la fecha– independientes, pero situadas en el mismo universo.
La historia, centrada en un trono vacío que tiene que ocupar uno de los herederos (bastardos o no), aprovecha el elemento fantástico para deslizar una crítica muy clara sobre el poder y cómo este se ejerce según quién lo posea.
Además, también aborda el tema del libre albedrío y, en un plano más simbólico, las creencias religiosas. Todo ello, logrando un equilibrio entre la parte fantástica y el romance. "Ese era nuestro principal hándicap", confiesan.
La fortaleza y sus formas
Otro de los mensajes que inculcan sus novelas es el concienciar de que hay diferentes perfiles de mujeres fuertes. Y la serie que están creando de autoconclusivos que giran en el mismo universo es la muestra de ello: mientras en 'La tierra de los Dorados', Elyana es fuerte de manera física y espada en mano, en 'El mar de los Ocultos', Iduna lo es de manera interna, con una fortaleza mental y crecimiento emocional. Y en el tercero, la protagonista femenina lo será con otro tipo de fuerza que aún no han revelado.
Lo importante, insisten, es romper con la imagen plana de la chica "malota" y reivindicar que hay muchas formas de externalizar esa fuerza: también lo es quien siente miedo, quien atravesa una depresión, quien se reconstruye desde dentro. "Todas esas mujeres son fuertes", dicen con convicción. "Y nosotras queremos mostrarlas a todas".
Con ello, ambas reconocen que sus primeras novelas –escritas incluso antes de los 20 años– forman parte de ese proceso de crecimiento constante. "No es lo mismo escribir con 16 que con 30. La voz cambia, las inquietudes también. Ahora sentimos que hemos encontrado la nuestra".
Y aunque afirman que seguirán apostando por la fantasía con romance, tienen claro que irán explorando nuevos matices, tanto en forma como en fondo. Por ahora, disfrutan de este momento compartido, de los libros que ya han publicado y de los que están por venir.
Relatos a cuatro manos
Las autoras se han tomado de forma literal el dicho de que "dos cabezas piensas mejor que una" para producir relatos escritos a cuatro manos.
Nacidas ambas en la localidad madrileña de Alcalá de Henares (1993), "nos conocimos de jovencitas, porque al final ella escribía y yo también», afirma Beatriz, que se refiere a su pareja literaria como la 'madrina' de sus novelas en solitario.
Sin renunciar a su obra individual y pese a no ser hermanas biológicas, Beatriz y Natalia formaron la pareja de las Hermanas Greemwood tras la pandemia, empleando un nombre que alude a los Hermanos Grimm.
"Si en su momento hubo dos hombres, ahora nos toca a nosotras", afirman, al tiempo que se ratifican en las ventajas de su modelo de escritura: "Tenemos muchísimas cosas en común en cuanto a gustos y demás, pero luego somos muy diferentes de personalidad y creo que eso también complementa".
Explican que una "le cuestan más" las escenas bélicas y a la otra, las románticas, pero ambas reconocen y se sienten satisfeechas con la labor que desempeñan juntas.