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En el centro municipal de mayores Antón Martín, en la calle de la Cabeza, 14

Unas mazmorras de la Santa Inquisición del siglo XVII, entre los secretos visitables en el barrio de Lavapiés

En estas visitas a los bajos del Centro Municipal de Mayores Antón Martín se pueden ver cinco celdas, construidas en ladrillo y pedernal, de un metro de ancho y tres de largo, con pequeños orificios al exterior que se usaban como respiraderos.
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En estas visitas a los bajos del Centro Municipal de Mayores Antón Martín se pueden ver cinco celdas, construidas en ladrillo y pedernal, de un metro de ancho y tres de largo, con pequeños orificios al exterior que se usaban como respiraderos. (Foto: Archivo)
Por Redacción Centro
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promanillosmasinteresmadridcom/12/1/12/29
martes 23 de abril de 2024, 11:20h
De entre los muchos secretos que esconden las calles del barrio de Lavapiés, en el distrito de Centro, quizás uno de los más llamativos son las antiguas mazmorras del siglo XVII que albergan los bajos del centro municipal de mayores Antón Martín.
Unas mazmorras de la Santa Inquisición del siglo XVII, entre los secretos visitables en el barrio de Lavapiés
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(Foto: Archivo)
Estas mazmorras estuvieron en uso por el tribunal de la Santa Inquisición hasta 1834, año en el que su disolución se hizo oficial.
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Estas mazmorras estuvieron en uso por el tribunal de la Santa Inquisición hasta 1834, año en el que su disolución se hizo oficial. (Foto: Archivo)

A la altura del número 14 de la calle de la Cabeza, haciendo esquina con la calle de Lavapiés, encontramos este singular lugar, que siglos atrás servía como mazmorras y que permite conocer las entrañas de la ciudad y de su realidad de hace cuatro siglos.

El solar del edificio aparece en la topografía de Madrid que realizó Pedro Texeira, en 1656, con las mismas dimensiones que tiene actualmente. Ya por entonces, y quizá desde finales del siglo XVI, se hallaban entre sus muros las celdas de la llamada 'cárcel de la Corona', una de las que utilizaba la Santa Inquisición en Madrid.

Lo que es seguro es que en el siglo XVIII y hasta 1820 –cuando es abolida la Inquisición–, muchos presuntos herejes o inmorales pasaron por este lugar. Durante un breve tiempo, después de 1820, la cárcel siguió en uso, gestionada por el Estado. Es entonces cuando se ajusticia entre sus paredes a Matías Vinuesa, el Cura de Tamajón.

Cuentan los archivos y las crónicas que, en 1821, el que fuera capellán de honor del rey Fernando VII urdió un plan para derrocar al gobierno del Trienio Liberal (1820-1823) y recomponer el absolutimo en España. El asunto salió a la luz y Vinuesa fue condenado a 10 años de prisión en la cárcel de la Corona. Sin embargo, un grupo de madrileños, azuzado por facciones radicales (no se sabe si liberales o reaccionarios), decidió que la pena era demasiado leve, irrumpió en la prisión y mató al preso a martillazos, golpes de sable y tiros.

La cárcel estuvo en funcionamiento hasta, aproximadamente, 1834. Tras la desamortización de Mendizábal, y por Estatuto Real, se vendió a particulares. Fue un cuarto de viviendas, después una tahona y más tarde una taberna.

Finalmente, en 2005, siendo el edificio un patio de corralas donde vivían veinte vecinos, el alcalde Alberto Ruiz Gallardón inició su expropiación. Y es que el inmueble fue adquirido por el Ayuntamiento de Madrid para construir el centro municipal de mayores Antón Martín, que hay actualmente.

Visita a las mazmorras

De esta manera, en los bajos del centro de mayores Antón Martín –calle de la Cabeza, 14– se pueden visitar las mazmorras de la antigua cárcel. Abre de lunes a viernes, de 9.00 a 20.00 horas; fines de semana y festivos, de 11.00 a 20.00 horas. Se cierra el 24, 25 y 31 de diciembre y el 1 y 6 de enero.

El edificio, actualmente, es una casa de dos alturas, con patio interior y un aspecto sobrio, exento de adornos exteriores. Tiene zócalo de granito, muros de ladrillo y cornisa de madera sobresaliente con pequeñas buhardillas.

Para ver las mazmorras, basta con entrar dentro y solicitárselo al portero o portera que encontremos en la recepción. Tras rellenar un formulario con nuestros datos, nos abrirá la puerta. Se accede por unas angostas escaleras, donde iremos viendo a mano derecha orificios de ventilación que dan a la calle.

La mazmorra consiste en cinco celdas paralelas, de apenas un metro de ancho por dos de alto y tres de largo, unidas por pequeños ventanucos con rejas. Fueron restauradas en 2011, cuando se destinó una partida de 1,8 millones de euros para rehabilitar el edificio. Se decidió dejar su aspecto original, si bien ya no conservan ni las puertas individuales ni las argollas que había en las paredes para encadenar a los presos.

Para recrear cómo era la vida entre aquellas estrechas paredes, nada mejor que la descripción de Benito Pérez Galdós al respecto: “Las prisiones estaban en el piso bajo y en los sótanos, y consistían en calabozos inmundos, algunos con rejas a la calle. Dos puertecillas abiertas a un lado y otro del zaguán indicaban el cuerpo de guardia y las habitaciones de algunos empleados de la cárcel. Todas y cada una de las partes del edificio, dentro y fuera, arriba y abajo, ofrecían repugnante aspecto de incuria, descuido y degradación”.

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