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Sito en la calle de Menéndez Pidal,3, actualmente es una propiedad privada perteneciente a la Fundación Olivar de Castillejo

El olivar de Castillejos: uno de los grandes rincones secretos de la capital

En la actualidad el olivar es sede de las fundaciones Ramón Menéndez Pidal y Olivar de Castillejo, que organizan numerosas actividades culturales.
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En la actualidad el olivar es sede de las fundaciones Ramón Menéndez Pidal y Olivar de Castillejo, que organizan numerosas actividades culturales. (Foto: Fundación Olivar de Castillejo)
Por Jon M. Rhode
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redacciongacetaslocalescom/9/9/24
jueves 22 de abril de 2021, 00:34h
Escenario de la entrada de las tropas napoleónicas, en 1808, y testigo del desarrollo del Madrid del siglo XX, el distrito de Chamartín esconde un pedacito de naturaleza y de historia de la cultura que resiste al paso del tiempo: el olivar de Chamartín, también conocido como el olivar de Castillejo, y la casa de uno de los vecinos más ilustres del barrio, don Ramón Menéndez Pidal.
A partir de 1917 emergió en Chamartín una colonia donde intelectuales y científicos vivieron y desarrollaron su pensamiento en torno a olivos y madroños centenarios.
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A partir de 1917 emergió en Chamartín una colonia donde intelectuales y científicos vivieron y desarrollaron su pensamiento en torno a olivos y madroños centenarios. (Foto: Fundación Ramón Menéndez Pidal )
Junto al olivar, sede actual de la Fundación Olivar de Castillejo, se sitúa la casa de otro vecino destacado, don Ramón Menéndez Pidal, y que hoy ocupa la sede de la fundación que lleva su nombre.
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Junto al olivar, sede actual de la Fundación Olivar de Castillejo, se sitúa la casa de otro vecino destacado, don Ramón Menéndez Pidal, y que hoy ocupa la sede de la fundación que lleva su nombre. (Foto: Fundación Olivar de Castillejo)

El conjunto preserva la esencia de lo que en su día fue una importante colonia de grandes intelectuales y científicos. Y es que hoy día ambos espacios son sedes de sendas fundaciones que continúan impulsando la cultura.

En la actualidad, este pequeño oasis envuelto por el bullicio de la ciudad aún recuerda lo que era a principios del siglo XX, cuando en la zona abundaban los campos de cultivo. Situado entre el límite de la capital y lo que antaño era el pueblo de Chamartín de la Rosa, este espacio era entonces conocido como el Olivar del Balcón.

En 1917, José Castillejo, jurista, pedagogo y miembro de la Institución Libre de Enseñanza, compró el olivar del Balcón, en una zona que, por aquel entonces, se conocía como las Cuarenta Fanegas. El objetivo de este catedrático de Derecho era crear una colonia de intelectuales y de científicos, donde trabajar lejos del bullicio de la ciudad, pero sin estar totalmente aislados, ya que el tranvía paraba relativamente cerca.

Al olivar empezaron a trasladarse personalidades como el literato Dámaso Alonso, el director del Museo de Ciencias Naturales, Ignacio Bolívar, o el médico y filántropo Juan López Suárez. Comenzaba así a gestarse una de las primeras colonias del distrito de Chamartín, por la que llegaron a pasar personalidades como la premio Nobel de Física y Química Marie Curie.

Junto al olivar, sede actual de la Fundación Olivar de Castillejo, se sitúa la casa de otro vecino destacado, don Ramón Menéndez Pidal, y que hoy ocupa la sede de la fundación que lleva su nombre. El filólogo y medievalista se trasladó junto a su esposa María Goyri, también filóloga e investigadora, a su nueva casa en 1925, desde el centro de Madrid a ese lugar apartado donde “sólo viene quien quiere de verdad verme”, según las palabras del propio intelectual. La construcción de la casa, en estilo regionalista, comenzó en 1923 en el número 23 de la antigua cuesta del Zarzal, hoy calle de Menéndez Pidal, 5.

La vida del intelectual en la colonia era tranquila. Allí la naturaleza tenía gran importancia para él y sus vecinos, y el jardín le recordaba a su tan amada sierra de Guadarrama. En él había jaras, romeros, olivos y muchos árboles frutales como membrillos, perales, manzanos y albaricoqueros; incluso, en la actualidad, todavía se puede contemplar el madroño más grande y más antiguo documentado en Madrid. Todo ello le permitía llevar una vida sencilla y autosuficiente, en contacto directo con la naturaleza. Además, encargó construir un solárium donde se daba sus baños de sol. A la vivienda acudían frecuentemente renombradas personalidades de la cultura.

La tranquilidad del ambiente venía acompañada de intenso trabajo y actividad intelectual, aunque todo ello quedó interrumpido abruptamente con el estallido de la Guerra Civil. Todos los habitantes del olivar, con la única excepción de Juan López Suárez, cuñado de Castillejo, abandonaron el lugar durante la contienda.

Tras el fin de la guerra, Menéndez Pidal volvió a su hogar, donde vivió hasta su fallecimiento, en 1968. Sin embargo, la colonia nunca volvió a ser lo que fue, un punto de encuentro excepcional de pensadores y grandes científicos, y cesaron las visitas de otros grandes nombres de la cultura y la ciencia. La casualidad hizo que otros personajes ilustres llegasen entonces al olivar, ya que la casa de Castillejo fue alquilada y frecuentada por estrellas del cine como Lana Turner, Joan Fontaine, Frank Sinatra y Ava Gardner.

El olivar, hoy en día

Actualmente, se conservan tanto la casa de Menéndez Pidal como gran parte del olivar, ya totalmente integrados en la ciudad, ambos foco de una intensa actividad cultural.

En la sede de la Fundación Ramón Menéndez Pidal se mantiene viva la herencia del pensador coruñés, y en la actualidad se desarrollan importantes proyectos de digitalización, como la catalogación del 'Archivo del Romancero', con manuscritos impresos de los siglos XV al XVII y de varios archivos de las investigaciones de don Ramón, de María Goyri y de la hija de ambos.

A su vez, en el olivar, la Fundación Olivar de Castillejo lleva organizando desde hace unos años las 'Noches del Olivar' durante los meses de verano. En ellas se puede disfrutar de actividades culturales y recitales, además de poder cenar al aire libre entre unos olivos impregnados de historia y de cultura.

El olivar de Castillejos: uno de los grandes rincones secretos de la capital
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(Foto: Fundación Olivar de Castillejo)
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