Rosalía ha deslumbrado en su concierto del tour 'Lux' en Madrid, combinando 'tecno' y ballet durante casi dos horas. Con un vestuario cambiante y momentos íntimos con el público, ha ofrecido un espectáculo lleno de simbolismo religioso y sensualidad.
Rosalía ha divinizado al público en el primero de sus conciertos del tour 'Lux' en el Movistar Arena de Madrid, entre 'tecno', ballet y un éxtasis compartido.
Aunque para las más de 15.600 personas que han asistido al Movistar Arena de Madrid el espectáculo de la catalana no era inédito –desde que comenzó la gira en Lyon (Francia), las redes se han llenado con vídeos que adelantaban la noche de ayer–, Rosalía ha ofrecido una experiencia acercándose en varias ocasiones a los asistentes.
Las tablas que han acogido a la artista durante las casi dos horas de espectáculo se han ido transformando acorde a los cuatro actos en los que Rosalía ha dividido la noche, desde la inicial caja de muñecas hasta una recreación del Museo del Louvre y la sala de 'La Gioconda' de Da Vinci.
Enfundada en un tutú y con unas zapatillas de punta rosas, Rosalía ha comenzado la cita con 'Sexo, violencia y llantas' y 'Reliquia' –exactamente como comienza su disco 'Lux'–. La artista ha flotado por el escenario entre pliés, relevés, sauter, glisser y tourner al inicio del concierto, cuyo hilo conductor ha sido la teatralidad, con canciones delicadas, como 'Divinize'.

Confesionario en el escenario
La artista ha roto la distancia con su público en varios momentos, pero en ninguno se ha acercado tanto como cuando se ha rodeado de sus admiradores, que interpretaban el papel de visitantes del Louvre, para cantar 'Can't take my eyes off you', caracterizada como la Mona Lisa.
El escenario también ha sido lugar para que la youtuber Soyunapringada subiese a admitir sus pecados en el confesionario que ha creado la artista. "Y ojalá no te cruces con una perla nunca más", ha respondido la cantante antes de dar paso a la canción homónima.
Esta temática religiosa ha estado presente durante toda la puesta en escena, desde el velo de 'Mio Cristo piange diamanti' hasta el foso de la orquesta en forma de cruz latina y el botafumeiro de luz y humo que ha reinado sobre el corazón de la orquesta.
El 'twerking' de María Antonieta
La artista ha combinado estos símbolos con otra línea estética, la más sensual, presente en el baile de 'Saoko', porque para cuando la artista rozaba el ecuador de la noche, su vestuario ha dejado atrás el ballet clásico y ha mutado, pasando de vestir una peluca que imitaba el famoso peinado de María Antonieta mientras hacía 'twerk' con un 'culotte' rosa fucsia.
La cantante llegaba a Madrid este lunes después de tener que suspender el concierto del pasado 26 de marzo en Milán, debido a una intoxicación alimentaria. Tras una hora de recital confesó que había estado vomitando en el camerino y que aunque quería dar "el mejor espectáculo posible", se le hacía imposible. En Madrid ha confesado que se sentía mucho mejor, mientras daba las gracias a los presentes por haber acudido.
Tras la 'rave' y electrónica ha llegado el tercer acto con 'El redentor', cuando se ha acompañado de las palmas y los cajones de Macarines, que la llevan acompañando desde 'Los Angeles'.

En 'Sauvignon blanc', Rosalía se ha tomado en serio la letra y ha brindado con una copa de vino blanco sentada encima de un piano, reconociendo que no tenía muchos vicios. Pero, antes de comenzar a entonar la canción, se ha dirigido a una fan que le ha gritado que si no tenía muchos vicios era porque ella misma es uno.
Mientras se descalzaba, la artista alcanzaba el éxtasis en el escenario con 'Focu 'ranni', canción con la que se ha evaporado tras unas escaleras.
Pero, el punto final ha llegado con 'Magnolias'. Mientras terminaba de pedir al público que protejan su nombre en su ausencia, Rosalía ha abandonado el escenario con la promesa de que, como la estrella que es, se convierte en polvo para volver a ascender.