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Ricardo Ruiz de la Serna, profesor de la Universidad CEU San Pablo y de la Vniversitas Senioribvs CEU

El balcón del Arco de Cuchilleros desde el que se desató la furia del 2 de mayo de 1808

Con esta sublevación, y más en general con el alzamiento contra Napoleón, se abrió un verdadero proceso revolucionario que transformó España.
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Con esta sublevación, y más en general con el alzamiento contra Napoleón, se abrió un verdadero proceso revolucionario que transformó España. (Foto: Getty)
martes 26 de julio de 2022, 16:29h
En un pequeño balcón sito en la escalinata del Arco de Cuchilleros se gestó el 2 de Mayo de 1808. De la mano del profesor de la Vniversitas Senioribvs CEU Ricardo Ruiz de la Serna descubrimos un episodio de nuestra historia contemporánea tan curioso como relevante.

Usted debe de haber pasado por allí miles de veces. Me refiero al Arco de Cuchilleros, una de las entradas a la Plaza Mayor de Madrid. Es un balconcito, casi una barandilla metálica, que queda a la izquierda según se suben las escaleras. Está, por cierto, en una de las vías más cortas de Madrid, que luce el castizo nombre de calle de la Escalerilla de Piedra.

Si van distraídos, atisbando ya la majestad de la plaza que se va abriendo ante sus ojos, seguro que se lo pasan de largo. Conviene, pues, ir alerta cuando se transita junto a este balconcillo que tan importante ha sido en la historia de España. Aquí se preparó la furia del 2 de mayo de 1808.


Aquel día primaveral, el cerrajero José Blas de Molina dio la voz de alarma. Los franceses, según decían, pretendían llevarse al infante Francisco de Paula a Bayona, donde ya estaba el resto de la familia real.

Cuenta el conde de Toreno que “por instante crecía el enojo y la ira, cuando al oír de la boca de los criados de palacio que el niño don Francisco lloraba y no quería partir, se enternecieron todos, y las mujeres prorrumpieron en lamentos y sentidos sollozos”. Los madrileños se habían ido concentrando en torno al Palacio Real. Había rumores. No en vano proliferaban los “mentideros”, como las Gradas de San Felipe. Tal vez recuerden ustedes aquella décima que se preguntaba quién había asesinado a Juan de Tassis, II conde de Villamediana, apuñalado el 21 de agosto de 1622 en la calle Mayor: “Mentidero de Madrid,/ decidnos: ¿Quién mató al Conde?”. Las tabernas y las plazas estaban, pues, que ardían. Aquel mes de mayo de 1808, con los soldados de Napoleón paseándose por la ciudad y la inquietud por lo que pretendían, no debía de estar el horno para bollos.

Nuestro José se acercó a un carruaje que esperaba al infante a la puerta de palacio. Su grito fue una chispa: “¡Que nos lo llevan!”. A partir de ahí, se desató el apocalipsis. Deben ustedes imaginarse a esos majos ya escocidos por tanto francés como se paseaba y tanto tibio que lo permitía. El afrancesamiento era cosa de las élites. Las clases populares estaban furiosas. Salieron las navajas y los cuchillos. La turba enfurecida se fue arremolinando. La voz corría por las calles aledañas al palacio. “¡Muerte a los franceses!”.

Y aquí entra nuestro balconcito en la historia. Desde allí, algunos días antes, un fraile del convento de San Gil, que está muy cerca, había arengado a los patriotas. Aquel 2 de mayo estaba estallando un explosivo cuya mecha se llevaba consumiendo varios días.

Con eso no contaba Napoleón: la guerra se la iba a hacer todo el pueblo. No iba a combatir sólo contra las tropas del ejército real, sino contra toda la nación alzada en armas. Fray Antonio, que así se llamaba nuestro hombre, había estado preparando, sin saberlo, el 2 de Mayo. Había muchos indignados como él. Fueron ellos, mujeres y hombres, los que, por fin, aquel día se echaron a la calle o se asomaron a las ventanas y balcones para arrojarles a los franceses lo que tuviesen a mano: macetas, piedras, ladrillos. Desde este balcón pequeñito, desde su modestia metálica y esquinera, un fraile a voz en grito había llamado a la revuelta y Madrid había escuchado.

Sabemos lo que sucedió después: el cuchillo, la navaja, el puño, la piedra. Lo contó Galdós en el tercero de sus 'Episodios Nacionales': “la irrupción de gente armada viniendo de los barrios bajos era considerable; mas por donde vi aparecer después mayor número de hombres y mujeres, y hasta enjambres de chicos y algunos viejos fue por la plaza Mayor y los portales llamados de Bringas”.

Goya dio rostro a aquellos patriotas furiosos de rabia, que buscaban franceses para apuñalarlos. A golpes y puñaladas se enfrentaron a los mamelucos, a los coraceros polacos y a los fusileros franceses. Después, llegó la represión, los fusilamientos. También lo pintó el aragonés genial, que tuvo la suficiente lucidez y claridad moral para narrar 'Los desastres de la guerra'. Él dejó testimonio de la que seguramente fuese la primera 'guerra total' de nuestro tiempo.


Pero, no sólo llegó la guerra. Lo advirtió el conde de Toreno cuando puso título a su gran obra sobre el periodo, Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (1807-1814).

Con esta sublevación, y más en general con el alzamiento contra Napoleón, se abrió un verdadero proceso revolucionario que transformó España. Desde la destrucción y el saqueo del patrimonio históricos y artístico a manos de las tropas francesas hasta la Constitución de Cádiz, este balcón metálico es un lugar privilegiado desde el cual contemplar nuestra historia.

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