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Hasta el 30 de junio, acoge una selección de piezas del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca

La muestra itinerante 'El pequeño museo más bello del mundo' desembarca en la Fundación Juan March de Madrid

Reunión de amigos en la casa de Torner en Cuenca en la que se encuentran, entre otros, Fernando Zóbel, Gustavo Torner y José Guerrero, 1966.
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Reunión de amigos en la casa de Torner en Cuenca en la que se encuentran, entre otros, Fernando Zóbel, Gustavo Torner y José Guerrero, 1966. (Foto: © Eric Schaal)
Por Carlota García-Ruiz
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promanillosmasinteresmadridcom/12/1/12/29
jueves 25 de abril de 2024, 10:43h
La Fundación Juan March presenta, del 26 de abril al 30 de junio, una selección de piezas que forman parte de la colección del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca, del que es titular desde 1981.
Eduardo Chillida (1924-2002),  'Abesti gogorra IV' (Canto rudo IV), 1959-1964.
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Eduardo Chillida (1924-2002), 'Abesti gogorra IV' (Canto rudo IV), 1959-1964. (Foto: Fundacion Juan March)
'Museums: A New View on the Cliff', revista 'Time', vol. 88, n. º 5, julio de 1966. El 29 de julio de 1966 'Time' publica un reportaje sobre la inauguración del museo, al que pertenece esta fotografía.
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'Museums: A New View on the Cliff', revista 'Time', vol. 88, n. º 5, julio de 1966. El 29 de julio de 1966 'Time' publica un reportaje sobre la inauguración del museo, al que pertenece esta fotografía. (Foto: © Eric Schaal / Cortesía Eric Schaal Estate)

La exposición surgió a raíz del cierre parcial del museo conquense, en 2022, para proceder a la remodelación de su climatización por parte de la Fundación Juan March –titular del museo desde 1981, por expreso deseo de Zóbel–. Aprovechando el cierre parcial del museo, se organizó una exposición itinerante internacional de parte de su colección, que finaliza ahora en Madrid.

El museo se creó en 1966 en las singulares Casas Colgadas del siglo XV de Cuenca por Fernando Zóbel, lo que es un hito único en la historia cultural española.

En él se diseñó un espacio de libertad independiente del régimen político, reafirmó a toda una generación de pintores y escultores abstractos, preparó a las más jóvenes y produjo todo un público nuevo en un país que no contaría con museos de arte contemporáneo hasta después de su transición democrática, más de veinte años después de aquella aventura única y original.

El pequeño museo gozó de un enorme eco internacional y suscitó elogios, como el de Alfred H. Barr, primer director del MoMA de Nueva York, que da título a esta exposición.

Más información, en este enlace.

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