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Le primera gran exposición de la artista británica se puede visitar en la Fundación Mapfre, hasta el 7 de mayo

Leonora Carrington, la alquimia del color y la expresión artística de los demonios de la mente, en la muestra 'Revelaciones'

Esta muestra cuenta con un total de 188 obras que representa la diversidad de técnicas que Leonora Carrington empleaba, desde la pintura al óleo, pintura al temple, acuarelas o tapices, entre otras.
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Esta muestra cuenta con un total de 188 obras que representa la diversidad de técnicas que Leonora Carrington empleaba, desde la pintura al óleo, pintura al temple, acuarelas o tapices, entre otras. (Foto: Fundacion Mapfre)
Por Mª del Carmen García
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cgarciamasinteresmadridcom/8/1/8/25
lunes 13 de marzo de 2023, 10:24h
'Leonora Carrington. Revelación' es la primera exposición de la artista en España y recoge la "grandeza técnica" de una artista "universal", según ha señalado su comisaria, Tere Arcq. La muestra propone un recorrido cronológico y un análisis de asuntos recurrentes en su obra, como la salud mental.
'Leonora Carrington. Revelación' se trata de la primera exposición 'antológica' de la artista en España y en ella se puede observar la 'grandeza técnica' de una artista 'universal' que dejó un 'extraordinario' legado, según ha señalado la comisaria de la muestra, Tere Arcq.
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'Leonora Carrington. Revelación' se trata de la primera exposición "antológica" de la artista en España y en ella se puede observar la "grandeza técnica" de una artista "universal" que dejó un "extraordinario" legado, según ha señalado la comisaria de la muestra, Tere Arcq. (Foto: Fundacion Mapfre)
La directora del área de Cultura de la Fundación Mapfre, Nadia Arroyo, ha afirmado que Carrington 'era mucho más que una artista surrealista' y ha sentenciado que era una artista 'total'.
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La directora del área de Cultura de la Fundación Mapfre, Nadia Arroyo, ha afirmado que Carrington "era mucho más que una artista surrealista" y ha sentenciado que era una artista "total". (Foto: MoMa)

De nuevo la Fundación Mapfre nos brinda la oportunidad de disfrutar de una exposición de una artista contemporánea, que tuvo ciertos vínculos con España, pero de la que no conservamos obras en nuestros museos. Se trata de la polifacética Leonora Carrington.

El recorrido expositivo, que se despliega a lo largo de 10 secciones, combina el relato cronológico con el estudio de los temas más destacados en la obra de Leonora Carrington. Desde su formación y las tempranas influencias en Inglaterra y Florencia, hasta el contacto con los surrealistas en París, pasando por su época en Saint-Martin-d’Ardèche, su traumática experiencia en España, la emigración a Nueva York y a México como nueva patria.

Con esta exposición, Fundación Mapfre pretende rendir homenaje a esta artista y dar a conocer la riqueza de un trabajo muy popular en Estados Unidos y México, pero que sólo en los últimos años ha comenzado a gozar de mayor relevancia en Europa. Si bien Carrington ha dejado una importante huella en la trayectoria de distintos artistas de origen español, su obra prácticamente no ha sido expuesta en nuestro país hasta el momento.


En esta ocasión, Fundación Mapfre ha contado con el apoyo de más de 60 prestadores, entre los que destacan importantes instituciones como el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York, el San Francisco Museum of Modern Art (SFMOMA), el Art Institute Chicago, la Galleria Nazionale d’Arte Moderna e Contemporanea de Roma, el Museo de Arte Moderno de México, el Museo Nacional de Antropología de México, la Tate de Reino Unido o el Tel Aviv Museum of Art, así como destacadas colecciones particulares.

La debutante

En 1932, una joven Leonora queda impresionada por la pintura italiana que contempla durante su estancia en un internado en Florencia, entre ellos Paolo Uccello y Antonio Pisanello. Una influencia que no se palpará en sus primeras obras, pero sí en otras posteriores.

Su producción más destacada de aquel período son un conjunto de acuarelas agrupadas bajo el título genérico Sisters of the Moon (Hermanas de la luna, 1932-1933), que reflejan la preocupación de la artista por el lugar que la mujer ocupa en el mundo. En cada una de ellas se representa un personaje femenino y en algunas se hace alusión directa a deidades como Iris, Fortuna o Diana. De origen literario o mitológico, todas despliegan sus poderes y dominan los distintos elementos de la naturaleza, desde animales salvajes a criaturas híbridas.

Las fuentes de estas piezas son, sin duda, las ediciones de literatura tardovictoriana y de género gótico que se encontraban en su biblioteca infantil y que hoy ha llegado hasta nosotros. Entre ellas destacan las narraciones de Lewis Carroll, Edgar Allan Poe o Bram Stoker, además de las leyendas irlandesas y los clásicos, desde los hermanos Grimm hasta Hans Christian Andersen.

Desde fecha muy temprana, su producción pictórica corre en paralelo con la escrita, hasta el punto de que es difícil discernir qué realiza primero, si el texto o la obra, como ocurre en Hyena in Hyde Park (Hiena en Hyde Park, 1935), uno de sus lienzos más tempranos y que tiene su correlato en el cuento que escribe en ese mismo año con el título La debutante, en el que satiriza sobre su propia presentación en sociedad ante la corte del rey.

El encuentro: Saint-Martin-D'Ardèche

En 1936, Leonora se instala en Londres y asiste a clases en la academia de arte del pintor cubista Amédée Ozenfant. En verano visita la muestra The International Surrealist Exhibition y también queda prendada de una obra de Max Ernst reproducida en el libro Surrealism.

Como si de algo premonitorio se tratara, conoce al artista al año siguiente en una cena y juntos escapan, primero a Cornualles y más tarde a París, para recalar finalmente en la localidad de Saint-Martin-d’Ardèche, en el sur de Francia.

Gracias a la ayuda económica de su madre, Leonora compra una vieja casa, donde la pareja emprende su propia obra de arte total, tanto en el interior como en el exterior de la misma. Pintan puertas, ventanas y muros con figuras híbridas y criaturas protectoras ‒como la quimera que en su origen decoraba la puerta de acceso a la antigua cocina‒, pero también en las fotografías que tomó Lee Miller durante aquellos años en una de sus visitas.


Huida a España

Tras los arrestos de Max Ernst y en su huida de la guerra europea, en 1940 Leonora llega a Madrid en un delicado estado de salud. Sufre una crisis nerviosa y en agosto es ingresada en un sanatorio de Santander. El último día del año regresa a Madrid. En la capital tendrá la oportunidad de visitar el Museo del Prado, donde confirma su amor por la pintura italiana florentina, aparte de contemplar las obras de el Bosco, Brueghel el Viejo o Patinir que tanto le impactan y que son determinantes para su obra posterior.

Es frecuente encontrar en sus lienzos pequeños seres híbridos que recuerdan a los del Jardín de las delicias del Bosco, por poner un ejemplo, así como fondos con paisajes extraños y poblados por elementos que parecen haber sido extraídos de los sueños.

Leonora, escritora

Desde muy pequeña, Leonora muestra un gran interés por los cuentos, intensificado, sin duda, a partir de su encuentro con Max Ernst, que sentía, como el resto de los surrealistas, fascinación por Lewis Carroll y los hermanos Grimm.

El mundo de la Alicia de Carroll ofrece a Carrington la oportunidad de profundizar en temas que especialmente le interesan: la alquimia, la cábala, los mitos ancestrales o la dislocación de la relación espacio-tiempo, elementos todos ellos que se encuentran en su producción artística.

Se dice que el primer cuento que escribió Carrington fue dictado a su madre a una edad tan temprana que aún no escribía bien. Desde entonces, nunca dejó de hacerlo y muchas de sus pinturas encuentran correlato e incluso el mismo título que sus escritos. Casi todos son autobiográficos, y de ellos destaca el relato de su paso por el sanatorio del doctor Morales, en Santander, que ella narra en Memorias de abajo.

En una gran mayoría aparecen seres híbridos, hadas y brujas poderosas, los animales hablan y los humanos se convierten en animales y la fantasía se torna realidad en La debutante, La dama oval o en la novela La trompetilla acústica, así como en sus obras de teatro Penélope y Opus Siniestrus

Autorretratos, los 'alter ego'

En sus obras, Carrington se autorretrata frecuentemente a través de otros personajes o animales que hacen las veces de la propia artista. Sus alter ego ‒'el otro yo'‒ suelen ser hienas, árboles o caballos, sin duda alguna este último el más reiterado, pero también diosas ‒como la Diosa Blanca‒ o hilanderas y tejedoras, que se representan en ocasiones por medio de la rueca.

La rueca y las hilanderas son alusiones a las diosas y al poder femenino. El hilado se asocia con la condición femenina, mujeres sabias, brujas, etc. En este sentido la propia artista se dedica durante años a la elaboración de tapices, en colaboración con la familia Rosales, tejedores mexicanos.

Pinturas como joyas

A mediados de la década de 1940, Leonora Carrington comienza a trabajar con temple al huevo y en formatos horizontales, tipo predela.

El temple al huevo es una receta de yema de huevo, agua, aglutinante y pigmento, y se distingue por su durabilidad y rapidez de secado. Se trata de una técnica muy utilizada y con una larga historia, que se remonta a la Edad Media. Leonora no sólo hacía así un homenaje al huevo, símbolo de fertilidad en muchas culturas, también recordaba las enseñanzas de su juventud en Italia y los frescos florentinos.

Para Carrington el método es, además, una extensión directa de los experimentos alquímicos que realiza y que ella asocia con la cocina, refiriéndose a la técnica como "receta de pintar".

A propósito de su primera exposición individual en la Pierre Matisse Gallery de Nueva York, en 1948, su amigo y mecenas Edward James llama la atención sobre un aspecto relacionado con el uso de esta técnica: "La inauguración de tu muestra fue un éxito tremendo. Nunca he visto más entusiasmo en ningún vernisagge entre el público [...], tus cuadros brillaron como joyas en la pared".

De este período es también la primera versión de The Horses of Lord Candlestick (Los caballos de lord Candlestick, 1938), donde ya se observa el interés de Carrington por los procesos de transformación y humanización de este animal, el caballo, que expresa la rabia y la rebelión de la artista hacia su progenitor. El enigmático lord Candlestick, que no aparece en la obra, no es otro sino su padre, Harold Carrington, a quien, tras su huida a Francia, Leonora nunca más volverá a ver.

Memorias de abajo: Santander

La Segunda Guerra Mundial truncó la vida de Max Ernst y Carrington en Saint-Martin- d’Ardèche. Tras el segundo arresto del primero, Carrington huye a España con la intención de cruzar al otro lado del Atlántico desde Lisboa.

A su llegada a Madrid, en 1940, es víctima de una violación por parte de un grupo de militares afiliados al bando nacional. Este hecho, que no contó a nadie en aquel momento, y los dramáticos sucesos que había vivido desde el comienzo de la guerra, precipitan un episodio psicótico en la autora que provoca su ingreso en un sanatorio psiquiátrico en Santander.

Tratada con un potente fármaco que podía generar ataques epilépticos y anular la voluntad del paciente, la experiencia de este ingreso supone un punto de inflexión tanto en su vida, como en su obra.

El relato de su paso por el sanatorio es publicado por primera vez en 1944 en una revista, bajo el título Down Below tras haber sido dictado en francés el año anterior por la propia Leonora a Jeanne Mégnen, para liberarse de la angustia que le causaba el recuerdo.

Durante su internamiento, también realiza numerosos dibujos y la pintura Down Below (Abajo, 1940), una suerte de elaboración de su enfermedad. Con el paso de los años, Carrington volverá a este episodio de su vida periódicamente, tal como puede verse en la pintura Transference (Transferencia, 1963), presente en esta exposición.


Hacia lo desconocido: Nueva York

En julio de 1941, una Leonora Carrington de veinticuatro años desembarca en Nueva York ‒tras un rápido matrimonio de conveniencia, para que ella pudiese salir de Lisboa‒, acompañada de su nuevo esposo, el escritor, poeta y diplomático Renato Leduc.

Allí se encuentran con la comunidad de artistas surrealistas que, al igual que ellos, habían huido de una Europa y una España en guerra. Durante este período, antes de instalarse en México, la obra de Carrington, con una iconografía que resulta cada vez más compleja, se dirige a la elaboración del duelo de su experiencia de la guerra, de una enfermedad mental y de un encierro, al que se une ahora el del exilio.

En el dibujo Brothers and Sisters Have I None (Ni hermanos ni hermanas tengo, 1942) podemos entender la condición de exiliada es doble: respecto de una Europa destruida y de una familia de la que reniega. Green Tea (Té verde, 1942) resume estas experiencias. El título del lienzo, que remite al de un cuento irlandés donde se narra cómo un doctor descubre que el consumo desmesurado de esta bebida genera estados alterados de la conciencia, ofrece algunas pistas sobre su significado. Sin duda, la figura enfundada en una piel de caballo, como si fuera una crisálida, es la propia Leonora, con un fondo que remite al paisaje inglés, al toscano de la pintura italiana y al parque del sanatorio de Santander. La inmovilidad de la protagonista contrasta con el movimiento de las dos yeguas-perro, atadas entre ellas por medio de los árboles que les sirven de cola.


De forma paralela, Carrington estrecha su relación con artistas como Roberto Matta, se reencuentra con Max Ernst, que ha sido liberado, y con intelectuales como André Breton. Si con los dos primeros (junto con Marcel Duchamp) realiza su primer trabajo por encargo, el mural titulado Summer (Verano, 1942), con el otro colabora en labores editoriales y exposiciones del grupo surrealista.

Memoria y origen, Crookney Hall

En 1943, Leonora se traslada a Ciudad de México, donde se rodea de un círculo de exiliados que, como ella, tiene sus raíces en Europa: Kati y José Horna, Remedios Varo y Benjamin Péret. En casa de estos dos últimos conoce al que será su futuro esposo, el fotógrafo Emerico (Imre) Weisz, 'Chiki', y padre de sus dos hijos, Gabriel y Pablo.

La experiencia de la maternidad da inicio a un período de regresión en la obra de Carrington. Representa su casa de la infancia, la mansión neogótica de Crookhey Hall, así como visiones familiares e infantiles cargadas de melancolía, si bien más calmadas que las que había realizado en Nueva York.

Es el caso de la cuna que realiza junto al escultor y ebanista andaluz José Horna para Norah, la hija de este, decorada con animales que acompañarán a la pequeña desde su nacimiento: una tortuga gigante, una cabra, jaguares, llamas, caballos y otras criaturas mixtas, que parecen sacados de las obras de Lewis Carroll y de la pintura renacentista italiana.

Las obras de estos años evocan también sus descubrimientos en Florencia, pues con frecuencia son lienzos en formato horizontal, propio de la predela, y tonos que recuerdan a los del trecento y quattrocento de los maestros toscanos, realizados con la técnica de pintura al temple.

Los saberes arcanos de la magia, la alquimia y el mito

Junto con los animales, la ecología o la mujer, las artes adivinatorias y las corrientes esotéricas son temas que interesan a Carrington, pues las considera una ruta alternativa para acceder al inconsciente y a los enigmas del ser humano y la naturaleza.

Con la pintora Remedios Varo y la fotógrafa húngara Kati Horna se adentra en el mundo de la magia, pues las tres la entienden como una herramienta de recuperación de los poderes femeninos 'prohibidos'.

Los libros sobre magia, alquimia, astrología o tarot ocupan un lugar privilegiado en su biblioteca, además de proporcionarle iconografía que utiliza una y otra vez en su obra, como ocurre en el lienzo Molly Malone’s Chariot (Carro de Molly Malone, 1975), donde los arcanos El Carro y El Mundo recrean la leyenda de la joven Molly, protagonista de la popular canción irlandesa Cockles and Mussels (Berberechos y mejillones), en una pintura que se presenta por primera vez ante el público.

La Diosa blanca

En 1948, Carrington realiza Le Bon Roi Dagobert (El buen rey Dagoberto), la primera pintura donde se representa a sí misma como la Diosa Blanca, que remite sin duda al ensayo homónimo de Robert Graves.

Publicado en el mismo año en el que está fechado el lienzo de la artista, este ensayo supone, según ella misma, una de las más importantes revelaciones de su vida. En la narración, Graves se centra en la recuperación de distintos cultos en torno a deidades femeninas que han desaparecido a lo largo de la historia, pero que han sobrevivido en fábulas y poemas de forma oral. Esta Diosa Blanca, cuyo culto fue destruido por el patriarcado y es recuperada por Graves, es símbolo de la fuerza y el poder femenino.

La tesis de Graves se basa en el descubrimiento de la adoración a una misma deidad femenina en diversos lugares del Mediterráneo, que a su vez correspondía con los cultos de dioses celtas. En todos ellos se venera a la Triple Diosa, conocida también como 'Diosa Blanca' y denominada en cada lugar de una manera distinta. Artemisa o Atenea, en Grecia; Ishtar, en Babilonia; Isis, para los egipcios, o Astarté, para los semitas, siempre es la misma diosa y simboliza la lucha del patriarcado contra el matriarcado al tiempo que la luz y la sombra, esto es, la dicotomía entre el bien y el mal.

Una lucha por la que siempre estuvo interesada Carrington y que también es protagonista de numerosos cuentos infantiles, tal es el caso de La Reina de las Nieves (1844) de Hans Christian Andersen y que la artista retomó para su novela La trompetilla acústica (1976).


Conciencia, feminismo y política

A partir de la década de 1960, Carrington se interesa cada vez más por los movimientos feministas, en pleno apogeo en Estados Unidos, adonde viaja con frecuencia. A pesar de no haber sido nunca militante, su casa de México se convirtió en lugar de reunión de un pequeño círculo de mujeres preocupadas por su situación de desigualdad y ausencia de derechos.

La pintura Mujeres conciencia (1972) es utilizada en la impresión del cartel homónimo como muestra de «indignación y enojo en torno a la situación de las mujeres», tal como declaró la propia autora en una entrevista. En este gouache, Carrington subvierte el mito de Adán y Eva y da a esta última el carácter de diosa.

El deseo de la artista por transmitir a las mujeres el mensaje de retomar sus poderes es una constante a lo largo de su producción literaria y artística. En The Magdalens (Las Magdalenas, 1986), las protagonistas son dos mujeres con largas cabelleras cayendo sobre sus cuerpos a modo de túnicas; a sus espaldas, una pequeña figura negra extiende su mano.

El descubrimiento de la 'Diosa Blanca' de Graves, alimentó la conciencia feminista de Leonora Carrington. "La mayoría de nosotras, espero, somos ahora conscientes de que una mujer no debería tener que pedir Derechos. Los Derechos estaban ahí desde el principio; hay que Recuperarlos, incluidos los misterios que eran nuestros y fueron violados, robados o destruidos", señaló Carrington.

Otros mundos: México

A su llegada a México, el interés de Carrington por la magia se renueva gracias a un pueblo para el que las prácticas y rituales de hechicería forman parte de la vida cotidiana. Con tan solo veinticinco años, le pareció un lugar donde todo es nuevo; los rituales en torno a la muerte, así como las creencias en animales guardianes y entes protectores encuentran resonancia con los mitos y tradiciones celtas que ha absorbido en su infancia.

Muchos de sus amigos, exiliados como ella, tienen en común la fascinación por la arqueología y etnografía mexicanas: el pintor austriaco Wolfgang Paalen, colecciona objetos precolombinos; Alice Rahon, plasma en sus poemas y pinturas el paisaje y las tradiciones populares; y Benjamin Péret, traduce al francés los códices mayas del Chilám Balám (de Chumayel) y compila su Anthologie des mythes, légendes et contes populaires d’Amérique.

Está también muy cercana a intelectuales relacionados con los estudios de Mesoamérica, como la antropóloga Laurette Séjourné. Con esta y Remedios Varo se dedican a explorar regiones remotas, visitando curanderos, brujas y chamanes, recuperando testimonios de sus prácticas ancestrales, que Séjourné recoge luego en un texto ilustrado por Carrington: Supervivencias de un mundo mágico (1953).

Ser humano, ser animal

Los animales, reales o mitológicos, son uno de los motivos más recurrentes en la obra de Carrington. Criaturas mitológicas, híbridas y fantásticas, en las que la propia artista se transforma y bajo las que se autorretrata, hasta el punto de haberse autodefinido como "animal humano hembra".

Más adelante enfatiza: "Existen algunas facultades que no hemos aceptado o reconocido porque nos da miedo que alguien piense que también somos animales, lo que en efecto somos".

Este amor por los animales, que viene desde niña, se transforma con el paso del tiempo en una visión ecologista muy avanzada para la época, pues la autora expresa con frecuencia su indignación ante la actitud depredadora de la especie humana y su maltrato hacia el ecosistema.

Su conciencia ecológica está, a su vez, muy ligada a la feminista, pues para Carrington es tan sólo a través de la recuperación del poder por parte del matriarcado como se puede salvar el planeta de la destrucción a la que está siendo sometido. Este sentimiento le hizo, asimismo, sentirse atraída por otras religiones y culturas, como la budista, una filosofía que promueve la empatía y la compasión ante cualquier forma de vida.

Los animales no sólo son protagonistas de sus pinturas y escritos, también aparecen en otras piezas, como en la talla Rueda de los caballos (ca. 1954), que realiza de nuevo junto con José Horna, o en los tapices que elabora para decorar la casa de Edward James en la selva mexicana de Xilitla.

Casi un siglo de Arte y movimientos culturales

Leonora Carrington (Clayton-le-Woods, Lancashire, 1917-Ciudad de México, 2011) nace en el noroeste de Inglaterra, en una familia de clase alta. Con 15 años viaja a Florencia, donde tiene ocasión de contemplar la pintura de los maestros antiguos italianos.

Ya de regreso a Reino Unido, en 1936, consigue que sus padres le permitan estudiar arte en Londres, donde en junio visita la primera exposición surrealista en Gran Bretaña y al año siguiente queda prendada de la obra de Max Ernst durante una muestra individual de este, a quien conoce enseguida en una cena e inicia con él una relación que no cuenta con la aprobación de los padres de ella.

La pareja se muda a París, lo que provocó una ruptura entre Leonora y su familia. En la capital francesa, y a pesar de su negativa a entrar en el grupo de manera oficial, Leonora se codea con los surrealistas. Pronto la pareja se muda a la localidad de Saint-Martin-d’Ardèche, en la Provenza, pero su vida allí enseguida se ve condicionada por la llegada del nazismo.

Max Ernst es arrestado por su origen alemán y, por tanto, es considerado enemigo de Francia; Leonora huye a España, donde es ingresada en un hospital psiquiátrico en Santander tras sufrir una crisis nerviosa. Después de un duro y tortuoso tratamiento, la artista recaló en Madrid y luego en Lisboa, donde pudo embarcarse hacia Nueva York con su reciente marido, Renato Leduc. A finales del año 1942 se establecen en México, donde ella va a desarrollar su obra de madurez.

En 1962 recibe el encargo de pintar el mural El mundo mágico de los mayas para el Museo Nacional de Antropología en Chapultepec, Ciudad de México. Debido a las revueltas estudiantiles y a la masacre de Tlatelolco, en 1968 Carrington decide abandonar el país junto con sus hijos. Durante los veinticinco años siguientes, vive en Estados Unidos, primero en Nueva York y más tarde en Chicago.

En 2000, es nombrada Ciudadana de Honor de México D. F., adonde había regresado en 1990, y en noviembre de este mismo año recibe la condecoración de la Orden del Imperio Británico en la residencia del embajador de Reino Unido en México. En mayo de 2011 la artista fallece de neumonía, a la edad de 94 años.

Catálogo

El catálogo que acompaña a la exposición incluye reproducciones de todas las obras expuestas. Además, cuenta con ensayos de los comisarios de la muestra, los historiadores del arte Tere Arcq y Carlos Martín.

La primera elabora una semblanza de las heroínas que van apareciendo a lo largo de toda la obra de Carrington con las que ella, en muchos casos, se identifica; el segundo ubica y retrata a la autora en su época de juventud hasta su establecimiento en México.

Stefan van Raay, comisario también junto con los anteriores y director del Cobra Museum of Modern Art en Amstelveen, aborda los personajes más significativos a lo largo de la vida de la artista.

Se completa con un ensayo de la comisaria independiente Naja Rasmussen, sobre magia y alquimia, uno de los grandes intereses de Leonora Carrington, y con una cronología de la historiadora del arte Irene Núñez.

Arte en digital

Arte en Digital nace con la intención de invitar al público a acercarse a las exposiciones de la Fundación desde perspectivas no habituales. Sin ninguna intención de sustituir la visita presencial a las salas, serán las intervenciones encargadas a los 'colaboradores digitales' las que aportarán estas perspectivas a través de acciones variadas que se difundirán y alojarán en sus canales de redes sociales y web.

Las miradas sobre las exposiciones procederán de profesionales de diversos ámbitos de la creación cultural o de la vida pública y en los que, de alguna manera, encontren un vínculo con la exposición.

Para la exposición de Leonora Carrington, se cuenta con la colaboración de Semiraris González, comisaria independiente de exposiciones, que ha organizado una serie acciones en las que distintas mujeres relacionadas con el mundo de la literatura y las artes plásticas su harán su propia interpretación de la obra de Leonora Carrington.

• 'Leonora surrealista a partir de la memoria familiar en Crookhey Hall' (Layla Martínez, escritora)
• 'Leonora mística y la diosa blanca' (Marina Vargas, artista)
• 'Leonora como creadora de otros mundos' (Fantasía Collage, artistas y Marta Pinilla, bióloga y performer)

Gabinete pedagógico

Las actividades educativas están orientadas tanto a centros educativos como a familias y abarcan todos los niveles. Se desarrollan de lunes a domingos y comprenden siempre una doble propuesta: el recorrido por la sala, con explicaciones y actividades en torno a una selección de obras, y la práctica artística en el taller.

En ambas dinámicas se trabaja con el grupo sobre las ideas clave que se quieren transmitir a propósito de la exposición en curso.



Fundación MAPFRE

Lugar: Paseo de Recoletos, 23. Madrid.
Phone: 91 5816100
Email: cultura@fundacionmapfre.org

Precio de la entrada: Entrada general: 5 €; entrada gratuita los lunes (no festivos), 14.00 a 20.00 horas.

Horarios:
– Lunes, 14.00 a 20.00 horas.
– Martes a sábado: 11.00 a 20.00 horas. Domingos y festivos, de 11.00 a 19.00 horas.

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